jueves, 14 de octubre de 2021

Los perros del Barrio Colosal


Por Moisés García B.

Fotos de Eduard Serra


Una puesta de apenas quince ¡pero significantes y justos minutos! Así fue la presentación que cerró con éxito la segunda jornada de espectáculos de sala de Prisma-Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá, décima versión. 

«Danza para todo público» es la frase que mejor definiría Los perros del Barrio Colosal, la pieza que nos ofreció Boca Tuya, compañía newyorkina dirigida por el galardonado coreógrafo Omar Román de Jesús. Un trabajo artístico creado, ¡con apoyo financiero durante la pandemia!, para cine-danza y espectáculo en vivo; que tuvo como principal atributo poder conectarse con los espectadores desde su primera imagen: una luz cenital sobre una bailarina aullando entre las primeras butacas del Teatro Ateneo de la Ciudad del Saber.

«De una te atrapa», sería otra frase con la que podríamos identificarla. En un escenario libre de artificios que apoyaran o ayudaran a hacer clara la dramaturgia de lo expuesto, la danza contemporánea se trabajó con una cualidad de movimiento estructurada en secuencias de composiciones sencillas pero convincentes y poderosas.

Nos daba a los testigos la oportunidad de darle play a la imaginación: crearnos historias, visualizar un escenario de barrio con una manada de perros salvajes, coquetos, furiosos, amistosos, juguetones, entre muchas otras posibilidades, incluida esa más oculta que trata sobre la toma de decisiones: «A través de los gestos exagerados de la televisión diurna, los seis personajes de Los perros del Barrio Colosal nos llevan a un paseo salvaje a través de los desafíos de la toma de decisiones creativas», se consigna en el sitio Web oficial de Prisma.

Gracias a sus múltiples experiencias artísticas con la danza y la enseñanza, Román de Jesús ha llegado a explorar una gran variedad de lenguajes, sacando a flote esos detalles que conectan a nivel físico y emocional. La fotografía de su trabajo es un elemento muy bien controlado. Obras como la que nos ocupa son prueba del rotundo triunfo de las puestas en escena de Boca Tuya, incluso en el mundo del cine.

La danza de esta compañía es conocida por su fuerte trabajo de inclusión, que va desde sus temas hasta el público mismo. A ese no conocedor, a ese que va porque alguien lo convenció y tal vez vaya con el prejuicio de que para entender la danza contemporánea se debe ser artista, hippie o consumir algún tipo de "sustancia", como viene a estereotiparse con bastante frecuencia.


Si te dijeran que vas a ver un trabajo artístico de alguien que usa música de Willie Colón, Residente o una de las figuras más conocidas y geniales de la música colombiana, ¿no te aventurarías a ver qué es lo que quieren mostrar?

Y si, de paso, llegas y lo que ves está cargado de humor, energía ―una cumbia contagiosa de Lucho Bermúdez; en honor a él se creó la obra―, y, además, una de las canciones te habla del Salsipuedes colombiano, pero te conecta de algún modo con Panamá, ¿no vas a disfrutar y querer ver más de los 15 minutos que con toda su potencia nos regaló Boca Tuya?

Y, así, de boca en boca y en boca tuya, ¿no podrías días después estar hablando de lo que te gustó y cuánto te gustó, de lo que entendiste y de qué bueno es que tú también veas danza contemporánea?



FICHA TÉCNICA

BOCA TUYA



Editado por Salvador Medina Barahona



Un ritual entre movimiento y sonido

Por Mar Alzamora
 
Fotos de Eduard Serra


Un cuerpo solitario aparece en el oscuro y silencioso escenario, rodeado de kettlebells (pesas rusas) e inmerso en un ambiente sonoro electrónico. ¿Hacia dónde nos puede llevar esa primera imagen?

Así inicia la pieza abstracta en solitario migrena 2 x 2, del coreógrafo y bailarín israelí Yotam Peled, como primera parte del programa de PRISMA-Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá, en su edición número 10, la noche del miércoles 13 de octubre de 2021 en el Teatro Ateneo de Ciudad del Saber. Es la primera vez que Peled la presenta sobre un escenario de teatro, ya que anteriormente la ha presentado en ambientes más íntimos.

La pieza de Peled se reapropia de la historia del profeta Jonás desde lo que él llama Queer Mythology, que no es más que transformar la mitología que conocemos dentro de un nuevo discurso. De eso trata la Teoría Cuir, de deconstruir los estigmas y darle nuevos significados a la identidad. Esta propuesta hace estallar la vulnerabilidad y fragilidad del cuerpo que la danza; explora tal idea desde el inconsciente hacia lo consciente.

La repetición constante de patrones de movimiento busca crear un trance en el cual Peled viaja rutas dentro de él para encontrarse, redescubrirse. Durante toda la puesta el cuerpo se desplaza en una suerte de estado meditativo, casi como una plegaria, para así poder romper con la piel dura de los traumas y los recuerdos; proceso que le acompaña desde los 9 años a causa de una migraña crónica. El 2 x 2 del título hace alusión a las dimensiones de la sala en donde se gestó la mayor parte de esta obra durante la pandemia del Covid-19, tiempo que el artista utilizó para la introspección.

Aparte de la coreografía, Peled también creó el exquisito diseño sonoro que acompaña los movimientos, el cual juega un papel fundamental en la experiencia tanto del danzante como del espectador. Un diseño sonoro que es rico en texturas y capas que van cambiando a lo largo de la puesta junto con la intensidad que este viaje al subconsciente exige. Viaje que se encuentra atenazado por la idea del fracaso y las dudas.

Con samples a veces tomados en préstamo y en otras ocasiones creados por él mismo, el viaje va variando desde sonidos electrónicos o industriales a narraciones desdibujadas dentro de la corriente del arte sonoro. Los sonidos que nacen de la pieza son de carácter extradiegético y acompañan esta catarsis de movimiento hasta llegar a la liberación cuir completa del que baila.

Como en todo arte, el público es el que termina de darle significado a la obra. migrena 2 x 2 mueve profundamente a los que la vivimos y seguro es que cada uno llegará a su propia conclusión desde su propio inconsciente. Para comprenderla, tal vez debemos dejarnos seducir por la posibilidad de ir quitando nuestras propias capas de piel y ropajes, a fin de llegar al centro de nuestro ser. Esta obra es la posibilidad de entregar, de rendirse ante el mundo. Una manera de sobrevivir a partir de la transformación total, liberando el peso de las armaduras. ¿Cómo nuestro cuerpo se transforma hasta la entrega plena?



FICHA TÉCNICA

migrena 2 x 2


editado por Salvador Medina Barahona



miércoles, 13 de octubre de 2021

Puesta doble: Gizaki y Underneath en el Teatro Nacional


Exijo un abrazo

Por Alex Mariscal

Fotos de Eduard Serra

En un espacio casi grotowskiano, es decir, vacío de decorados, a excepción de dos sillas en oposición diagonal, se presentaron este martes 12 de octubre en el Teatro Nacional las piezas Gizaky y Underneath. La función doble se dio a partir de las 8:00 p. m., en el marco de la edición número 10 de PRISMA-Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá.

La idea coreográfica de ambos dúos, esto es, la resonancia que subyace en la articulación de movimientos de las secuencias, definitivamente desarma los hilos de la ausencia. En el primer número, el bailarín, interpretado por Akira Yoshida, desde la primera frase intenta asir o abrazarla a "ella". No obstante, "ella", interpretada por Lali Ayguadé, se desliza en giros y desaparece en la dimensión vacía y límbica del escenario. ¿Es una casa vacía, desolada, o un cuadrilátero? ¿Es todo y nada?


Ambos números son coreografías de Lali, interpretadas por ella. El primero, compuesto junto con el propio Yoshida. En el segundo, Underneath, hace dúo con Lisard Tranis. Aquí, Lali “nos enseña la vida del cuerpo humano que pasa de la juventud a su vejez”. El movimiento de ambas obras se desmadeja en deliciosos giros, rebotes, y deslizamientos con los que magistralmente los ejecutantes entran al piso. En lo personal, me trasmitió la idea de buscarse: un buscarse a sí mismos y dudar si el otro está. Una demencial variación de:  "te abrazo, no estoy, tú estás, yo te abrazo, te acaricio apenas, ¿estoy solo?, ¿quién soy?, ¿qué hora es?, yo repito, salto y reboto, y  vuelvo a intentarlo porque se me acaba el tiempo y estoy... (¿estamos?)".

La iluminación de Conchita Pons, de tonalidades frías, y la música de Tholoc, Ribbot, Wissem y Marín, de notas  agudas sobre un bajo continuo, en analogía con los cuerpos en la escena, crean distancia. En efecto, parecía que los sonidos también huían a extremos diagonales opuestos en el diapasón o en el teclado. Esta idea de distancia, de frialdad de la atmósfera, la angustia de los ejecutantes, parece cónsona con las notas de programa: “Gizaki trata sobre el desamparo de estar en soledad, la ausencia de compañía y el naufragio del alma en su encuentro con la soledad”. 



En definitiva, la integración de la tensión de los cuerpos encarnados en una intensa teatralidad, las oposiciones de los giros, el staccato del break dance y la suspensión de la danza moderna, lo liberador del clown, todo ello, trasmite agresivas unidades sensoriales que aterrizan la humanidad del conflicto de los personajes.

Ambos números terminan con un individuo solo, insistiendo instintivamente en el encuentro. Pero, ¿cuál? De todas formas, uno se identifica con el ejecutante y extrañamente aplaude. El público aplaude lo trágico y triste de la ficción construida por Lali Ayguadé y Akira Yoshida en tiempos de pandemia; porque los ejecutantes son excelentes, una especie de magos del movimiento. Ellos logran cortar el cuerpo en retazos, pero luego abren la caja del escenario de esa casa vacía, de ese tiempo desolador, y el cuerpo aparece sin heridas, sin suturas. ¡Bravo!




¿Somos miembros de la misma especie?

Por Guille Montiel




I

La primera pieza presentada por la compañía española invitada Lali Ayguadé en el Teatro Nacional de Panamá la noche del 12 de octubre, durante la décima edición de PRISMA-Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá, nos interpela sobre las interrelaciones de un individuo con otro. El espacio reducido y la pulsión de necesaria coexistencia jugarán un rol importante en la interacción no solo de los movimientos, sino de los efectos que produce la presencia de la propia ausencia.

El dinamismo dentro del proceso coreográfico marca un punto de inflexión donde cabe cualquier tipo de pregunta existencial y nos sirve de espejo para cuestionarnos nuestra propia "coreografía humana". ¿Será que nuestros hábitos son los pasos de baile de la gran danza de la sociedad, abstracción de un mundo paralelo en el que, empujados por generaciones, repetimos -sin pensar, y sin intuir- nuestra propia individualidad?

Esos mismos pasos etéreos, en juego con la epilepsia coordinada de los dos cuerpos, crean una imagen de cansancio solo sostenido por un par de sillas, dentro de un cuadrilátero imaginario como límite fronterizo, donde se demuestra en forma de burla que el único camino para llegar a la emoción es a través de la acción.

Me atrevo a preguntar, como observador perverso, a los coreógrafos y, al mismo tiempo, cuerpos danzantes Lali Ayguadé y Akira Yoshida: ¿Somos humanos?



II

¿Debajo de quién estamos?


La segunda pieza de la noche nos demuestra que no son ciegos los que no ven, sino los que caminan entre tinieblas. Tanteando los muros que delimitan el camino, caminando con pasos cortos y temblorosos. Son ciegos los que no saben qué suelo pisan, los que no saben cuál es su lugar.

Hasta que alguien enciende un vela e ilumina el sitio que por fin debemos ocupar.

Solo hay un sitio para cada uno, aunque nos impidan ocuparlo con todas las fuerzas. Pero nunca nadie derrotará nuestro instinto. El instinto de ocupar el único lugar donde podemos ser felices.

La pieza, que empieza con movimientos blandos y cilíndricos, luego es desarrollada y articulada con maestría por los dos cuerpos danzantes de Lali Ayguadé y Lisard Tranis. Entre ellos se acompañan desde lo corpóreo para después expresarse con palabras ininteligibles. Y surgen las preguntas:

¿Qué se dicen? ¿Qué  bailan? ¿Quién está por debajo de quién?




FICHAS TÉCNICAS 



Editado por Salvador Medina Barahona












martes, 12 de octubre de 2021

«De camino y sin rumbo», una pieza llena de simples grandes cosas



Por: Félix Ruiz Rodríguez

Fotos de Eduard Serra

Dos filas de jóvenes, vestidos con colores pasteles y otoñales, ingresaron al patio central del Ministerio de Relaciones Exteriores la tarde del domingo 10 de octubre, para así dar inicio a la 10 versión de PRISMA-Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá, que vuelve con un formato mixto, tras un año de virtualidad obligatoria por la pandemia.

Justo antes de ingresar, sus coachesOmar Román de Jesús, Carlos Sánchez Falú y Rafael Canals, de la compañía estadounidense Boca Tuya, les chocaban sus manos, dándoles ánimo casi como un ritual de traspaso de energía y talento para enfrentarse al público nutrido que los esperaba puntualmente. Y no era para menos; este año, los doce jóvenes seleccionados para formar parte del PRISMA LAB JUVENIL tenían la siempre difícil tarea de abrir el telón de nuestra fiesta de la danza contemporánea.


Una semana de ensayo fue suficiente para que estos chicos, provenientes de diferentes fundaciones y programas sociales, nos dejaran el corazón atravesado por sus verdades hechas movimiento, desde los primeros minutos. Los intérpretes nos ofrecieron desplazamientos y rutinas sencillas, alejadas de los vicios de los que practican las técnicas de la danza; pero, definitivamente, cargadas de honestidad y pulcritud en sus secuencias.

Ellos contaban su historia, mientras que los observadores nos reponíamos del nudo en la garganta que nos producía el montaje en su inicio, con la guitarra lastimera y la interpretación de Chavela Vargas de la canción «Las simples cosas» como fondo.

Los jóvenes se estiraban, como si despertaran a la vida, desconociendo acaso lo difícil que puede ser vivirla. Pausaban esa ingenuidad y al reconocer la realidad iniciaban la carrera intrépida por ser libres. De pronto, la histeria y la energía se apoderaron de ellos, quienes, acompañados por el tema «Fiesta de locos» de Calle 13, nos permitían reconocer otro color y sabor de nuestros barrios, esa identidad —tal vez— que ovacionó el público reunido en el histórico edificio de la Cancillería.

La coreografía no solo estuvo caracterizada por una variedad de temas musicales, sino que las imágenes, los momentos y los símbolos se convertían en una crítica lanzada en muchas direcciones. Ese puente humano, sobre el que pasaba un joven tambaleante, nos confronta sobre la cuestión de una juventud que tiene que pasarse por encima, unos a otros, para avanzar; pero a su vez nos enseña que, sin más camino, la ayuda de muchos, o el sacrificio de tantos, puede ser la solución, la forma de construir algo.



Aquel arco humano que atravesaban los doce jóvenes nos invitaba a entrar a su realidad. ¿O era su deseo manifiesto de salir de ella? Vuelven a correr, y es importante destacar, en este sentido, que la manera de huir de sí mismos, con una cualidad de movimiento tan natural, es envidiable para muchos que se dedican al estudio y práctica de la danza contemporánea. Por esto tendríamos que aplaudir el trabajo de años que viene haciendo el equipo de Enlaces de la Fundación Espacio Creativo y Danzárea de la Fundación Gramo Danse, que no solo se han convertido en puente entre los estudiantes de los programas y el arte, sino que además les han dado un porqué.


En la pieza se reivindicó a las mujeres; se confrontaron algunos de sus miedos y pudo un dueto, en nombre de muchas, decirle ¡Basta! al opresor. Ese dúo femenino, en el que se figura que solo una mujer puede ser la sombra de otra, también nos indica que ellas deben sentirse cómodas consigo mismas, sin etiquetas sociales.

En los silencios de la puesta en escena, se escuchaba la melodía de las olas del mar que golpean los extramuros del Casco Antiguo. Y, entre una transición y otra, finalmente hemos podido entender que, pese a todo, estos jóvenes conservan la felicidad en sus corazones y el poder de «inventarse un final».







Edición y montaje: Salvador Medina Barahona


Sombras en un sueño

  Por Dionisio Guerra Del sitio Web oficial de PRISMA Yumé es una palabra japonesa que significa sueño y prácticamente describe el sueño com...